Bots: el aparato digital de la burguesía
Por Isabelino Montes
El reciente arresto en Bolivia del consultor argentino Fernando Cerimedo, acusado de ordenar el ataque contra su expareja, tomó otra dimensión cuando, durante las investigaciones realizadas en su casa, la Policía boliviana encontró una granja de bots. Cerimedo, vinculado políticamente con Javier Milei y, más recientemente, con el gobierno boliviano, es un personaje que ha estado relacionado con el uso de herramientas digitales para intervenir en la política.
Durante la campaña argentina de 2023, investigaciones periodísticas describieron redes de trolls, cuentas falsas y bots utilizadas para posicionar mensajes favorables a Javier Milei y atacar a sus adversarios.
El entorno de Milei admitió el uso de granjas con miles de operadores y cuentas, aunque presentó su función como difusión y posicionamiento político y no necesariamente como producción de noticias falsas. Fernando Cerimedo, consultor digital argentino y antiguo asesor de Milei, declaró que administraba aproximadamente 50,000 cuentas artificiales para Argentina, destinadas a monitorear conversaciones, producir contenidos y aumentar artificialmente la visibilidad de ciertos temas en X, Instagram, Facebook y TikTok.
¿Qué nos dice este caso? Que las herramientas digitales ya forman parte de la lucha política y que pueden ser utilizadas para intervenir en la manera en que se forman las opiniones. Pero no se trata de un fenómeno exclusivo de Argentina o Bolivia.
Los bots son programas informáticos que automatizan cuentas o acciones en internet. Algunos cumplen funciones legítimas, como responder consultas o enviar notificaciones. Pero los llamados social bots también pueden hacerse pasar por personas, publicar contenido, coordinarse y manipular conversaciones para amplificar determinados mensajes o desinformación.
La política burguesa, incluyendo partidos, gobiernos, empresas, consultoras y grupos de presión, puede utilizar estas herramientas para repetir miles de veces una consigna y crear la apariencia de que existe un apoyo popular masivo. También pueden convertir una preocupación particular como los impuestos, la inmigración, los sindicatos, la privatización o la seguridad en el centro de la discusión pública. Pueden utilizarse para atacar sindicatos, huelgas, movimientos comunitarios y dirigentes mediante insultos, rumores o acusaciones falsas. También pueden presentar problemas estructurales del capitalismo como fallas morales individuales o como conflictos exclusivamente culturales.
Es una herramienta poderosa de control de ideas para mantener el orden existente y sostener la democracia burguesa. Un bot no necesariamente convence por la calidad de sus argumentos. Su fuerza está en crear una apariencia de mayoría. Cuando una persona observa miles de cuentas repitiendo la misma idea, puede asumir que esa posición es dominante, aunque buena parte de ese volumen haya sido producido artificialmente.
En Estados Unidos existen casos particularmente importantes. Uno de los más conocidos fue el de la Internet Research Agency, IRA, una organización rusa vinculada financieramente a Yevgeny Prigozhin. La investigación de Robert Mueller estableció que la IRA creó cuentas que aparentaban pertenecer a estadounidenses, difundió contenidos políticos y operó una red automatizada en Twitter para amplificar mensajes. La campaña favoreció a Donald Trump y atacó a Hillary Clinton, pero su objetivo más amplio era profundizar conflictos sociales y políticos dentro de Estados Unidos. El informe del Senado señaló que Twitter identificó más de 50,000 cuentas automatizadas vinculadas con Rusia que publicaron contenido relacionado con las elecciones de 2016.
La meta, por tanto, no fue únicamente apoyar a Trump. También podía consistir en fragmentar a la clase trabajadora, aumentar la desconfianza y debilitar cualquier capacidad de acción colectiva. Esto ha dado paso a luchas entre países ricos mientras cada vez más nos divide a los trabajadores y trabajadoras.
Un ejemplo señalado en 2024 por Microsoft fue una red vinculada con China que empleó cuentas automatizadas para intervenir en elecciones legislativas y estatales, atacar a figuras como Marco Rubio y difundir acusaciones sobre candidatos en Alabama, Texas y Tennessee.
Allí se sostiene una farsa de democracia que nos pone a escoger entre bandos capitalistas y se alinea para evitar que entren en el debate público ideas que puedan llevarnos a organizarnos políticamente como clase obrera.
En América Latina este fenómeno también se está desarrollando. El caso de Fernando Cerimedo, vinculado políticamente con Javier Milei y, más recientemente, con el gobierno boliviano, es uno de los ejemplos que nos permiten observar cómo estas herramientas forman parte de la disputa política.
Aunque se trata de un asunto separado de la política, resulta preocupante el caso de República Dominicana. Santiago Matías, conocido como Alofoke, realizó hace varios meses una transmisión de IShowSpeed en República Dominicana. Inicialmente se presentó una audiencia extraordinaria, pero posteriormente IShowSpeed dijo que YouTube le había confirmado que alguien había introducido bots y que la audiencia real rondaba los 300,000 espectadores, no el millón que se había proyectado.
Lo preocupante es que este personaje aspira a participar en las elecciones de ese país. Esto representa una forma de personalización empresarial de la política. El capital mediático, la celebridad digital y el espectáculo se transforman en recursos para disputar el Estado dentro de esta modernidad política del capital.
En Puerto Rico, esta modalidad de control ideológico todavía no está comprobada a gran escala como ocurre en otros países. Pero nuestra cercanía con Estados Unidos y las irregularidades históricas que han rodeado los procesos electorales deben ponernos en alerta. No se trata de afirmar sin pruebas que las elecciones puertorriqueñas estén siendo manipuladas mediante bots. Se trata de reconocer que la tecnología ya forma parte de la lucha por el control de las ideas y que quienes concentran el poder económico cuentan con mayores recursos para utilizarla.
La democracia murió por completo bajo el capitalismo. La acumulación de riquezas en manos de unos pocos les permite mantenerse en el poder. Utilizan la tecnología para sostener un orden que responde a los intereses de una minoría en lugar de ponerla al servicio de las masas trabajadoras. Manipulan a las masas mediante la tecnología, la iglesia y la mentira. Estas tecnologías, en parte, también se desarrollan dentro de estas relaciones sociales para cumplir funciones de control.
Pero el asunto no es caer en un ejercicio moral acerca de la tecnología. El problema no es la existencia de los bots, sino quién los controla, con qué propósito y bajo qué relaciones sociales de producción.
Si hablamos de construir una sociedad más avanzada, verdaderamente democrática y en beneficio de la clase trabajadora, también debemos discutir cómo utilizar estas herramientas para nuestros propios intereses. Los bots podrían servir para la educación obrera, explicar legislaciones, la historia del movimiento obrero y conceptos económicos en un lenguaje accesible. También podrían facilitar respuestas sobre salarios, convenios, despidos, seguridad ocupacional y procedimientos para presentar querellas obreras en los centros de trabajo.
En Puerto Rico y el Caribe podríamos utilizar la rapidez con que se transmiten los mensajes para informar sobre apagones, inundaciones, contaminación, interrupciones del servicio de agua o cambios en el transporte. También podrían utilizarse para fiscalizar a los políticos mediante la organización de datos sobre contratos, privatizaciones, tarifas, fondos públicos y conflictos de interés.
Y lo más importante, podrían servir para organizarnos políticamente como clase trabajadora y utilizar la tecnología para beneficiarnos, construir y elevar la democracia obrera.
En ese sentido, el derecho que tenemos como clase que produce las riquezas mediante nuestro trabajo también nos permite plantearnos cómo tomar la tecnología para nuestros propios intereses. La cuestión no es simplemente bots sí o bots no. La cuestión es decidir si la automatización será utilizada para disciplinar y fragmentar a los trabajadores o para liberar tiempo, ampliar nuestras capacidades y poner el conocimiento técnico al servicio de las necesidades colectivas.
En una sociedad más justa, los bots podrían existir, pero no como autoridades autónomas ni como instrumentos de manipulación. Serían herramientas públicas, transparentes y subordinadas a la voluntad democrática.
Para comenzar a tomar la conciencia política en nuestras propias manos es impostergable discutir las ideas del mundo que queremos para nuestra clase trabajadora. Esos debates requieren encontrarnos en un mismo espacio organizativo para ir delineando una lucha política propia. En esos espacios, el carácter mediático y la difusión de nuestras ideas políticas como trabajadores y trabajadoras pueden convertirse en una tarea inmediata para contrarrestar las ideas burguesas que hoy utilizan los bots para difundir la aceptación del orden existente y evitar que lo transformemos.
Por eso, la creación de comités de trabajadores y de barrios se vuelve una tarea fundamental. Estos espacios no necesitarán bots para fabricar una mayoría, porque en ellos puede concentrarse la mayoría de la población trabajadora y, sobre todo, porque las ideas que surjan de esos espacios pueden representar directamente las necesidades, experiencias y aspiraciones de las masas trabajadoras.
Los bots pueden inflar artificialmente una opinión. Pero no pueden fabricar las necesidades de millones de trabajadores. Pueden repetir una consigna miles de veces, pero no pueden sustituir la organización consciente de quienes producen la riqueza.
Nuestra fuerza no está en aparentar ser mayoría. Nuestra fuerza está en ser la mayoría.
Por eso, frente a una democracia burguesa cada vez más dependiente de la manipulación, la tarea no es abandonar la tecnología, sino disputarla. Que deje de utilizarse para dividirnos y fabricar consensos artificiales. Que deje de estar exclusivamente al servicio de quienes concentran el capital. Que comience a servir para educar, informar, fiscalizar y organizar.
Porque la clase trabajadora no necesita bots para inventar su fuerza. Necesita organización para convertir en fuerza política real la enorme mayoría que ya representa.