EE.UU fabrica un caso contra Cuba mientras prepara nuevos escenarios de agresión imperialista
Por Nexo Revolucionario Media
Vuelve el descaro político del imperialismo estadounidense contra Cuba. La administración de Donald Trump, a través del Departamento de Justicia de Estados Unidos, intenta fabricar un caso criminal contra Raúl Castro utilizando nuevamente el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996 como excusa para justificar una nueva escalada política y mediática contra el pueblo cubano.
No fue casualidad que la ofensiva surgiera en medio de tensiones internacionales y de un ambiente político cargado de oportunismo electoral en Estados Unidos. Tampoco fue casualidad que los sectores más reaccionarios del exilio cubano en Miami celebraran inmediatamente la movida. Detrás de toda la narrativa sobre “justicia” y “democracia” vuelven a aparecer los mismos intereses políticos y económicos que durante décadas han intentado recolonizar Cuba.
La acusación presentada por Washington intenta reducir el conflicto de 1996 a un supuesto acto criminal aislado. Pero nuevamente la prensa burguesa oculta deliberadamente el contexto histórico para fabricar una narrativa conveniente al imperialismo estadounidense. Hermanos al Rescate nunca fue una organización neutral ni exclusivamente humanitaria. Esta organización desarrollaba operaciones políticas abiertas contra el gobierno cubano. La organización, fundada por José Basulto, veterano de la invasión en Playa Girón y colaborador de la CIA, llevaba años realizando provocaciones aéreas sobre territorio cubano, incluyendo el lanzamiento de propaganda política sobre La Habana y constantes violaciones del espacio aéreo de Cuba.
Antes del derribo de las avionetas, Cuba había denunciado repetidamente aquellas incursiones. El 13 de julio de 1995 y nuevamente en enero de 1996, José Basulto sobrevoló directamente la capital cubana para lanzar miles de panfletos antigubernamentales. Las autoridades cubanas emitieron advertencias formales y denunciaron las violaciones a su soberanía ante organismos internacionales. Nadie escuchó. El mismo día del incidente, las avionetas habían sido advertidas mientras sobrevolaban zonas restringidas. Por mucho menos que eso, Estados Unidos habría derribado cualquier aeronave alegando defensa legítima de su soberanía y de su seguridad nacional. Cuba actuó bajo el mismo principio de defensa territorial frente a reiteradas incursiones provocadoras.
Washington intenta presentarse como defensor de los derechos humanos mientras oculta décadas de terrorismo, sabotajes, operaciones encubiertas y guerra económica contra Cuba. La contradicción queda expuesta cuando el propio aparato militar estadounidense ha sido denunciado por ataques contra embarcaciones civiles y pescadores en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico bajo el discurso de la “guerra contra las drogas”.
Y la lista continúa en Medio Oriente, donde múltiples organizaciones internacionales denunciaron bombardeos contra infraestructura civil, escuelas y zonas residenciales durante las guerras impulsadas por Washington. Uno de los casos más estremecedores fue el ataque contra una escuela en Irán, donde investigaciones y denuncias internacionales señalaron la responsabilidad de fuerzas estadounidenses en un bombardeo que provocó la muerte de más de 150 niñas y personal escolar. El imperialismo se mira en el espejo cuando acusa a otros de crímenes que él mismo ha cometido públicamente y con total impunidad.
La ofensiva contra Cuba tampoco ocurre aislada del escenario geopolítico actual. Mientras Estados Unidos enfrenta dificultades para sostener su estrategia militar en Irán y continúan las tensiones alrededor del estrecho de Hormuz, sectores del gobierno de Trump intentan aplicar contra Cuba una fórmula similar a la utilizada contra Nicolás Maduro: fabricar expedientes criminales, aumentar la presión mediática y construir un nuevo enemigo regional que permita reorganizar la atención política internacional. Cuando el imperialismo enfrenta desgaste o derrotas estratégicas, necesita fabricar nuevos escenarios de confrontación para justificar militarización y distraer del deterioro de su imagen internacional.
Pero detrás de toda esta ofensiva no solo existen intereses electorales o geopolíticos. También existen intereses económicos concretos vinculados a la burguesía cubanoamericana y al capital inmobiliario de Miami. Sectores empresariales del sur de Florida ven a Cuba como una futura expansión del mercado turístico y financiero del Caribe, incluyendo hoteles, marinas, rutas de cruceros y proyectos inmobiliarios vinculados al capital extranjero.
Mientras tanto, el pueblo cubano continúa pagando el costo material de esa agresión. El bloqueo económico impuesto por Estados Unidos afecta el acceso a medicamentos, combustible, financiamiento y comercio internacional. Las restricciones energéticas han provocado apagones, crisis de transporte y dificultades hospitalarias. El sufrimiento cotidiano del pueblo cubano no puede separarse de esa política deliberada de asfixia económica.
Si realmente a Estados Unidos le preocupara el bienestar del pueblo cubano, levantaría inmediatamente el bloqueo económico y energético. Incluso desde la lógica del capital, la política estadounidense revela una contradicción enorme. Si mañana el gobierno cubano decidiera abrir completamente la economía al capitalismo y entrar plenamente al mercado financiero internacional, seguiría enfrentando enormes obstáculos provocados por el propio bloqueo estadounidense. Eso demuestra que el objetivo nunca ha sido “libre mercado” ni “democracia”. El objetivo sigue siendo la subordinación política y económica de Cuba a los intereses del capital estadounidense.
La autodeterminación significa permitir que un pueblo decida libremente qué sistema político y económico quiere construir sin intervención extranjera. El problema tampoco puede reducirse únicamente a Estados Unidos. Confundir las tensiones entre Washington, China y Rusia con una verdadera alternativa revolucionaria termina ocultando que todas estas potencias responden a intereses económicos y estratégicos dentro del sistema capitalista global.
Una invasión contra Cuba no resolverá la pobreza que viven las masas obreras del mundo ni mejorará las condiciones de vida de los trabajadores estadounidenses, caribeños o latinoamericanos. Las guerras imperialistas solo benefician al capital financiero, la industria militar y los sectores empresariales que buscan expandir sus ganancias sobre nuevos territorios mientras la clase trabajadora continúa pagando el costo humano y económico de las confrontaciones geopolíticas.
Ante el abandono histórico que sufre el Caribe y frente a las constantes amenazas imperialistas de Estados Unidos, la única fuerza con capacidad real para cambiar el rumbo de los acontecimientos sigue siendo la clase trabajadora organizada políticamente. Somos quienes producimos toda la riqueza del mundo y, por tanto, quienes tenemos el poder de detener las agresiones imperialistas, los bloqueos económicos y las confrontaciones militares.
La solidaridad con Cuba no puede limitarse a declaraciones diplomáticas o discursos simbólicos. Tiene que construirse desde abajo, entre sindicatos, trabajadores, comunidades y movimientos sociales capaces de ejercer presión real contra los gobiernos y corporaciones que sostienen el bloqueo. La unidad obrera entre Estados Unidos, el Caribe y América Latina se vuelve indispensable para impedir cualquier intento de intervención contra Cuba, porque le corresponde al pueblo cubano resolver sus propios asuntos internos sin amenazas militares, bloqueos económicos ni campañas de desestabilización impulsadas desde Washington.
¡Ni bloqueo, ni intervención, ni recolonización imperialista para Cuba!
¡La soberanía de los pueblos no se negocia con Washington!
¡Contra el imperialismo y el capital, organización obrera internacional!