El magisterio marcha en Puerto Rico: hora de hacerle frente al capital con organización política.

Por Bianca Morales

Maestros y maestras de distintas partes de Puerto Rico se movilizaron este pasado jueves, 5 de Noviembre junto a otros gremios sindicales hacia La Fortaleza para exigir el pago de la carrera magisterial, mejores condiciones laborales y un retiro digno. La Federación de Maestros de Puerto Rico (FMPR), la Unión Nacional de Educadores y Trabajadores de la Educación (ÚNETE), Educadores Puertorriqueños en Acción (EDUCAMOS), junto a otras organizaciones sindicales, mantienen la lucha frente a la precariedad laboral y el deterioro de la educación pública del país.

«La clase hoy es en la calle». Ese fue uno de los mensajes centrales de los maestros y maestras que llegaron hasta La Fortaleza para defender la educación pública y reclamar respeto por el trabajo que realizan. Sin embargo, como ya es costumbre, el secretario de Educación ignoró sus reclamos y se limitó a señalar que era un día normal de clases, restándole importancia a la movilización del magisterio.

El magisterio ha sido históricamente una fuerza importante en las luchas sociales de Puerto Rico. Sus movilizaciones representan la dignidad de miles de trabajadores y trabajadoras que sostienen las escuelas públicas. Pero esa fuerza puede y debe ir más allá de las luchas sindicales. La crisis que vivimos nos obliga a preguntarnos qué lugar ocupa la clase trabajadora en una sociedad donde produce las riquezas, pero son los capitalistas quienes se apropian de ellas.

La dignidad y la resistencia son indispensables para luchar, pero no bastan por sí solas para cambiar esta realidad. El problema está en un sistema donde el trabajo asalariado permanece subordinado a los intereses del capital. Por eso, las luchas por mejores salarios, beneficios y condiciones laborales también necesitan avanzar hacia una organización política propia de los trabajadores y trabajadoras.

Hoy el capital necesita cada vez menos trabajadores para producir la misma cantidad de bienes y servicios. Gracias a la tecnología, la maquinaria y los avances en los procesos de producción, puede reducir el tiempo de trabajo y la cantidad de personas que necesita contratar. Esto también le permite reducir empleos, salarios y beneficios. Mientras tanto, los trabajadores seguimos necesitando mejores condiciones para vivir. Ahí chocan las necesidades de quienes trabajamos con los intereses de quienes acumulan las riquezas. 

Los sindicatos conocen de primera mano está realidad y también las limitaciones que enfrentan. Reconocerlas no significa restarle importancia a su papel ni descartar su capacidad de lucha. Significa comprender que la organización sindical, aunque necesaria, no puede por sí sola resolver todos los problemas que enfrenta nuestra clase. Hace falta desarrollar organismos políticos independientes que permitan a los trabajadores y trabajadoras intervenir directamente en las decisiones económicas y sociales que afectan sus vidas, sin depender de los partidos burgueses que administran la colonia.

Esta realidad tampoco es exclusiva de Puerto Rico. En distintos países del mundo vemos cómo el capital reduce servicios, empleos y beneficios cuando representan costos para sus ganancias. No necesariamente se trata de eliminar todos los empleos, sino de mantener la producción y la acumulación de riquezas en función de sus propios intereses, aunque eso signifique precarizar las condiciones de quienes trabajan.

Incluso en la educación pública, estas relaciones económicas están presentes. Aunque las escuelas no funcionen como empresas privadas, el trabajo de la clase obrera que produce las riquezas forma parte de una economía organizada alrededor de la producción de mercancías y la acumulación privada de capital. Por eso, el deterioro de los servicios públicos y las condiciones laborales del magisterio no pueden entenderse separados del funcionamiento general del capitalismo.

Los conflictos entre el capital y el trabajo asalariado tampoco son producto del socialismo ni del comunismo. Son contradicciones que nacen de las propias relaciones de producción capitalistas y mientras los trabajadores producimos las riquezas, los propietarios del capital controlan su acumulación y distribución.

Ante esta realidad, los maestros y maestras no pueden continuar depositando sus esperanzas en quienes prometen representarlos desde los partidos políticos tradicionales. Ni el bipartidismo en Puerto Rico ni las alianzas electorales ofrecen una solución de fondo a los problemas que enfrenta el magisterio y el conjunto de la clase trabajadora.

Sin organizaciones políticas independientes, seguiremos dependiendo de los partidos burgueses y de sus intereses. Los trabajadores también podemos negociar, establecer acuerdos y presentar propuestas desde nuestras propias organizaciones, sin tener que esperar cada cuatro años por unas elecciones para defender nuestros intereses.

Por eso, las manifestaciones convocadas por los gremios magisteriales deben servir también para impulsar nuevas formas de organización. Es necesario comenzar a conversar sobre la creación de comités de trabajadores y trabajadoras de la educación, en coordinación con las comunidades escolares. Estos comités no sustituirían a los sindicatos ni cumplirían sus mismas funciones. Su propósito sería ampliar la lucha, desarrollar propuestas políticas concretas y fortalecer la participación directa de quienes conocen y sostienen diariamente las escuelas públicas.

Una propuesta fundamental puede ser que los propios trabajadores y trabajadoras de la educación, junto a las comunidades, tengan la capacidad de administrar las escuelas y sus recursos. No se trata solamente de reclamar mejores condiciones dentro de las estructuras existentes, sino de luchar por una educación pública organizada y administrada en función de las necesidades de quienes la hacen posible y de las comunidades a las que sirve.

La movilización del magisterio demuestra que existe disposición para defender nuestros derechos. El reto es convertir esa fuerza de lucha en organización política independiente. No basta con resistir los ataques del capital: necesitamos organizarnos como clase trabajadora para construir nuestras propias propuestas y tener participación directa en las decisiones sobre nuestro trabajo, nuestras escuelas y nuestra sociedad.

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