ICE asesino: impunidad bajo la farsa de la democracia burguesa

Por Isabelino Montes

La rabia que hoy recorre al pueblo estadounidense tras la más reciente atrocidad del régimen de Donald Trump podría marcar un antes y un después. En días recientes, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, ICE por sus siglas en inglés, asesinó a Alex Jeffrey Pretti, manifestante en Minnesota que protestaba contra los arrestos y redadas de dicha agencia.

Este crimen ha desatado una indignación profunda que expresa una necesidad inmediata de salir a la calle. No se trata de un impulso aislado, sino de una reacción nacida de la dignidad de amplios sectores de la clase trabajadora estadounidense, cansada de la represión y del deterioro político de una burguesía bipartidista, tanto republicana como demócrata, incapaz de ofrecer otra salida que no sea la violencia.

Ese coraje acumulado frente a la descomposición del capital en Estados Unidos es producto directo de la incapacidad de la clase dominante para gobernar de otra forma que no sea protegiendo los intereses de una minoría a costa de la mayoría. Incapaz de contener el desorden que ella misma ha generado, la burguesía descarga la crisis sobre quienes ya lo pagan todo, la clase trabajadora, que hoy pierde incluso la vida por reclamar una sociedad más justa.

En 2025, al menos entre 30 y 32 personas murieron mientras se encontraban bajo custodia del ICE o como resultado directo de sus operaciones de detención. Los asesinatos de Renee Good y de Alex Jeffrey Pretti en Minnesota figuran entre los casos más recientes de enfrentamientos entre el ICE y manifestantes, pero no son hechos aislados.

Lejos de limitarse a Minnesota, la violencia letal del aparato migratorio se ha extendido por todo el país. En septiembre de 2025, agentes del ICE asesinaron a tiros a Silverio Villegas González, inmigrante mexicano indocumentado, en un suburbio de Chicago durante un operativo de detención. En diciembre de ese mismo año, Isaías Sánchez Barboza murió por disparos de un agente de la Patrulla Fronteriza en Rio Grande City, Texas, durante un intento de arresto. Días después, en la Nochevieja de 2025, un agente del ICE fuera de servicio mató a tiros a Keith Porter en Los Ángeles, en un caso cuya versión oficial fue inmediatamente cuestionada por su familia. Estos hechos confirman que la violencia del ICE no es excepcional ni localizada, sino un patrón nacional de represión letal.

La represión migratoria no se expresa únicamente en asesinatos, sino también en la separación sistemática de familias trabajadoras como mecanismo de castigo colectivo y disciplinamiento social. El 20 de enero de 2026, en un suburbio de Minneapolis, Liam Conejo Ramos, niño ecuatoriano de cinco años, fue detenido por agentes del ICE junto a su padre, solicitante de asilo, tras ser interceptados cuando regresaban del preescolar. Durante la operación, la madre de Liam, embarazada y refugiada dentro del hogar, fue separada del niño al negarse a abrir la puerta por temor a los agentes. Pese a conocer su presencia, el ICE no facilitó la reunificación inmediata y trasladó al menor y a su padre al centro de detención familiar de Dilley, Texas, donde un juez federal bloqueó temporalmente su deportación. El caso generó protestas nacionales y denuncias de que el Estado utilizó a un niño como instrumento de coerción política.

Esta escalada represiva responde a una búsqueda desesperada del Estado capitalista por garantizar altas tasas de ganancia mediante la reducción de la fuerza de trabajo. Son los trabajadores y trabajadoras inmigrantes quienes pagan el precio de esa necesidad del capital por recomponerse y resistir su propia descomposición.

Esta lógica se hizo evidente desde el propio proyecto político de Trump, cuando prometió la deportación más grande de la historia, asegurando que no habría precio ni otra opción que ejecutarla. Comenzó sosteniendo la mentira de que expulsaría a inmigrantes criminales, pero desde el inicio quedó al descubierto la falsedad de ese argumento.

¿Quién puede creer seriamente que existen cantidades exorbitantes de criminales inmigrantes en Estados Unidos?

Diversos sectores productivos resultan afectados por las deportaciones, pero estas también funcionan como un mecanismo de aceleración hacia la automatización de la producción. Es en ese terreno donde se inscribe la guerra económica contra China, una confrontación que ha significado derrota tras derrota para el imperialismo estadounidense. Ante esta crisis, la respuesta del capital no ha sido reorganizar la economía en beneficio social, sino recurrir a mayores niveles de represión.

En medio de esta guerra capitalista, Trump carga hoy las manos llenas de sangre. Su respuesta ha sido recurrir a niveles de violencia que revelan el rostro fascista del capitalismo en crisis. Ese rostro convive con el otro polo del imperialismo, representado por el Partido Demócrata, que no solo ha operado dentro de las mismas estructuras represivas, sino que históricamente ha aplicado políticas migratorias igualmente violentas, como ocurrió durante las administraciones de Barack Obama.

Esto coloca en perspectiva que las manchas de sangre más visibles las carga el Partido Republicano, pero las huellas de complicidad pertenecen también al Partido Demócrata. De eso están cansadas las masas trabajadoras, de los ejecutores republicanos y de sus cómplices demócratas, responsables de redadas, deportaciones y asesinatos en todo el país.

Desde el inicio de las redadas del ICE, sectores del movimiento obrero comenzaron a debatir su incorporación a las protestas. Aunque la correlación de fuerzas ha sido desigual, el apoyo ha empezado a materializarse desde las bases, muchas veces desplazando a burocracias sindicales alineadas con el bipartidismo.

En mayo de 2025, la federación laboral AFL-CIO, junto a sindicatos como United Auto Workers, SEIU, UNITE HERE y UFCW, presentó un amicus brief ante la Corte Suprema en un caso relacionado con la revocación del permiso de trabajo a inmigrantes bajo parole humanitario. Aunque presentado como defensa económica, este gesto reflejó las contradicciones de un movimiento sindical presionado desde abajo por una base trabajadora cada vez más golpeada por la represión.

En 2025, el Culinary Union Local 226 organizó una marcha del Primero de Mayo en Las Vegas bajo el lema We Believe in Us. Ese mismo año, sindicatos locales en Portland aprobaron resoluciones comprometiéndose a defender a inmigrantes frente a redadas y grupos racistas. La lucha obrera frente a la ofensiva fascista del gobierno se mantiene activa, pero fragmentada.

Los trabajadores inmigrantes componen una parte esencial de la fuerza laboral. Reprimirlos es atacar a toda la clase trabajadora. Reducir la fuerza laboral mediante el terror solo puede traducirse en mayor explotación y productividad forzada para el conjunto de la clase obrera.

Por eso la solidaridad comenzó a tomar forma concreta. Las protestas y el paro general del 23 de enero de 2026 en Minnesota, impulsados por la Federación Sindical Regional de Minneapolis AFL-CIO, UAW Local 1005, SEIU Local 26, UNITE HERE Local 17, CWA Local 7250, la Federación de Educadores de St. Paul, la Asociación de Enfermeros de Minnesota y organizaciones comunitarias como MIRAC, Unidos MN, Faith in Minnesota y el Centro de Trabajadores Unidos en Lucha, demostraron que el verdadero poder de la clase trabajadora emerge cuando se organiza de manera unificada.

Ante esta respuesta, el gobierno respondió con intimidación y despliegue represivo. El mensaje fue claro: con el fascismo no se dialoga, se obedece.

Cabe recordar que Estados Unidos atravesó avances democráticos solo dentro de los márgenes de la expansión capitalista. Esa democracia siempre estuvo subordinada a los intereses de la minoría capitalista. Sus cárceles, policías y ejércitos conservaron un carácter represivo, reservado para cuando la mayoría social cuestiona el orden existente.

Cuando la clase dominante entra en crisis, la represión sustituye al diálogo. El fascismo no surge de la nada, es cultivado por la incapacidad reformista de la democracia burguesa. Trump acelera este proceso, pero no es una anomalía, sino la expresión del pánico de una clase capitalista en decadencia.

La deuda pública supera el 130 por ciento del PIB, la hegemonía estadounidense se erosiona frente a China y el capital abandona las fachadas democráticas para recurrir al control directo. El ICE funciona como una guardia represiva contra bastiones obreros, incluso en estados gobernados por demócratas.

En esta coyuntura, las masas trabajadoras enfrentan una guerra entre capitalistas. El peligro inmediato es volver a caer bajo el Partido Demócrata, defensor de una democracia estéril que condujo hasta aquí. La salida real es construir organización política independiente de la clase trabajadora y avanzar hacia una democracia obrera.

Las muertes provocadas por el ICE no pueden saldarse con destituciones administrativas. El ICE es una institución criminal. Deben responder quienes dieron las órdenes, comenzando por Donald Trump.

La inmediatez de las protestas puede abrir el camino a una organización política permanente de la clase obrera. Sin organización política obrera no hay resistencia posible. Las manifestaciones deben convertirse en espacios de ruptura con el bipartidismo.

Los sindicatos obreros y las organizaciones de base comunitaria tienen ante sí un reto histórico: romper con la burocracia sindical, con el bipartidismo y con toda subordinación al Estado capitalista. Reagruparse desde las bases, fortalecer comités de trabajadores y trabajadoras en los centros de trabajo y en los barrios, y articularlos con organizaciones comunitarias de inmigrantes, de vivienda, de estudiantes y de defensa social es una tarea urgente. Solo así podrá construirse un programa propio de la clase trabajadora que unifique las luchas contra la represión, las deportaciones, la explotación y el autoritarismo. Esa convergencia entre organización obrera y organización popular es la única vía para transformar la indignación en poder político, romper definitivamente el callejón sin salida de la democracia burguesa y avanzar hacia una democracia obrera capaz de enfrentar y derrotar al Estado represivo y al capital que lo sostiene.

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